Debate Feminista. Cuerpos transexuales y transgéneros.

Año 20, Vol. 39. México DF, abril 2009.

El más reciente número de la revista Debate Feminista está dedicado a la transexualidad. Cuenta con cinco interesante artículos que abordan el tema desde distintas disciplinas y apuestas. “El fenómeno trans” de Marta Lamas, “Andar de soldado viejo” de Gabriela Cano, “Cuerpos transexuales en las Olimpiadas” de Sheila L. Cavanagh y Heather Sykes, “Reasignación sexo-genérica: el reconocimiento de derechos de identidad” de Leticia Bonifaz e Imelda Guevara Olvera y “Modificaciones en materia de reasignación sexo-genérica”. Además la revista también tiene un apartado sobre liberalismo y justicia social ―el debate entre Anne Phillips y Martha Nussbaum― y un reflexión sobre el psicoanálisis y su aplicación; sin contar con las secciones de cuento, desde la impunidad, desde el recuerdo, desde el correo electrónico, lecturas y argüende. Comentaremos los artículos referidos a la transexualidad.

El fenómeno trans es descrito por Marta Lamas partiendo de su definición y de un breve recorrido histórico, resaltando la posibilidad transgresora de las identidades trans al poner en cuestión a la anatomía como destino y dar elementos que sostienen la construcción cultural de la identidad de género. Se retoma la postura de Freud quien planteó “que ni la anatomía ni las convenciones sociales podían dar cuenta por sí solas de la existencia del sexo” y ampliando con Lacan “que la sexuación no es un fenómeno biológico, porque para asumir una posición sexuada hay que pasar por el lenguaje y la representación: la diferencia sexual se produce en el ámbito de lo simbólico”(7-8).

Se invita por tanto a reflexionar sobre los parámetros sociales que reprimen en un género lo que permiten en otro y a comprender que aquello reprimido y perdido para una identidad es la consecuencia de asumir una identidad sexuada en una sociedad que polariza rígidamente los roles sexuales. Cabe por tanto la pregunta, que sin esa polarización una posibilidad no excluyente de construcción de la identidad podría ser viable.

Se hace mención a su vez a la concepción de que las identidades trans son un desorden mental, de hecho la mayoría de las leyes así lo estipulan y someten a terapia psicológica a quienes tienen la convicción de ser algo distinto a lo que su cuerpo manda. Pero en este caso, es mucho más difícil cambiar el inconsciente por lo que la mayoría de las veces la atención se proyecta hacia el cambio del cuerpo. Una interesante puntualización de Lamas es que “las personas que han sufrido por prácticas sociales violentas suelen incrementar las resistencias al duro proceso de introspección que propone el psicoanálisis. Y como casi todas las personas trans han padecido algún tipo de violencia, es probable que también por eso tengan resistencias”(10). El artículo además conlleva una nutrida bibliografía para quienes estén interesados en el tema.

Gabriela Cano reconstruye la historia de Amelio Robles, la cual inició en los desplazamientos forzados y desórdenes sociales de la Revolución Mexicana, en la que participó con valentía y arrojo, destacándose en el combate. Su demostrada masculinidad en la batalla le permitieron ser posteriormente reconocido como veterano de guerra y jamás abandonar su identidad de hombre, a pesar de haber nacido mujer. Vivió hasta los noventa años como un hombre, mujeriego, autoritario, borracho, sacando la pistola ante la primera persona que se atreviera a llamarlo como mujer. Como señala Cano, en Robles se plantea la paradoja de la mayoría de las identidades trans: “su peculiar transición de género a un mismo tiempo subvierte y refuerza la heterosexualidad normativa y la masculinidad estereotípica que recrea”(23).
Sin embargo, aunque su prestigio social fue muy importante, llegando incluso a salir en primera plana de los periódicos, no excenta de algunos episodios de violencia y de algunos rechazos; su familia y su entorno asumió su identidad masculina con naturalidad y respeto. Pero en contra de lo fue siempre su voluntad, la historia le pasó la factura al negar su lucha por ser Amelio. Ha pasado a la posteridad dándo el nombre de “Coronela Amelia Robles” a una escuela en su ciudad natal, Xochipala, así como se ha recuperado su hogar como Casa-Museo Amelia Robles. Sin duda se debe retorcer en su tumba ante este mal juego del destino, que es la forma social de negar su transgeneridad e imponer su sexo como único parámetro de identidad.

El mundo del deporte quizá sea el espacio donde la relación sexo/género se ha modificado más, rompiendo con los ideales de lo femenino y lo masculino, ante mujeres de anchas y musculosas espaldas, a veces indistinguibles por aspectos externos de los hombres. Por tanto, ya de por sí, el mundo del deporte y especialmente el estricto y exclusivo espacio de las Olimpiadas es una tierra fértil para reflexionar, analizar y repensar el binomio masculino/femenino a la luz del ingreso de las personas transexuales en dichas competencias. Se trata de un interesantísimo artículo que descubre el mundo secreto de las discusiones deportivas alrededor del Consenso de Estocolmo.

El artículo de Bonifaz y Guevara sobre el sistema judicial de la capital mexicana hace una revisión de los casos para modificar el nombre y el sexo en el acta de nacimiento antes y después de la ley que reconoce ese derecho para las personas trans en el Distrito Federal. Además se adjuntan las modificaciones que han sufrido las distintas legislaciones en concordancia con esa iniciativa.

Se trata de un interesante y variado recorrido sobre la transexualidad y el transgenerismo que sin duda ayuda a comprender mejor estas identidades, así como genera reflexiones más profundas y que aún esperan respuesta.


El Secretariado Trans Mundial se ha formado para enlazar a todos los grupos de activistas que buscan la igualdad de derechos y oportunidades para las personas transgéneros, transexuales, travestis e intersexuales.

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